Yuriria Iturriaga: No sólo de pan...
Una colega francesa me dijo esta frase: “si yo fuera mexicana, no facilitaría, sino incluso impediría, que mis conciudadanos desertaran de su compromiso con nuestro país”.
Discutimos y perdí.
O más bien gané cuando me demostró que nuestros conciudadanos, como los suyos, son gente apegada a la tierra de sus orígenes, lengua, costumbres, comida, por supuesto, y que emigrar es un paso doloroso desde el principio y el resto de su vida; pregunten a sus hijos sobre esta nostalgia, en caso de que no hubieran podido volver al terruño de sus orígenes… Ciertamente, le di la razón y evocamos casos conocidos por ambas, hasta la depresión. ¿Por qué tener un país de dimensiones y tradiciones como México que “gana” a Francia en expulsión de ciudadanos, siendo una falsa competencia comparar las dos poblaciones, fuera de su profundo arraigo y solidez de tradiciones, cuya raíz e identidad están en los respectivos sistemas, incluidos sus defectos económicos y políticos? ¿Por qué perder ciudadanos irremplazables cuando aquí está gritando la tierra por su cuidado, cultivo y restauración, en una cadena virtuosa de producción que la Colonia española destruyó y los mexicanos mentalmente colonizados seguimos destruyendo?