Bernardo Bátiz V.: Sociología y futbol
De niño jugaba un futbol rudimentario en la colonia Algarín, donde vivía con mis padres, muy cerca del río de la Piedad, ahora Viaducto; ahí practicábamos un juego que llamábamos “coladeritas” o “cascaritas”; las porterías eran las rejas de las coladeras de hierro que había en las banquetas, una en cada acera de la calle, separadas por lo menos media cuadra, unos 50 metros, en calle Manuel Navarrete; la pelota era de hule o de “esponja”, más bien pequeña, y el gol consistía en que rebotara ese balón improvisado en la reja de enfrente.